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Pedro Zamora Briseño

Colima, Colima. 30 de abril de 2018 (Agencia Informativa Conacyt).- “Me emocionan. Son juegos que me mantienen despierta porque son sorpresivos, no predecibles (…) La musicalización te atrapa y el diseño de los personajes, aunque sean virtuales, me siento acompañada y apoyada. Sé que la violencia no es buena, pero es algo fantasioso; además, los personajes contra los que peleo en el juego realmente los odio, pareciera que realmente los odio y eso hace que quiera matarlos”, comenta Tania, estudiante de 22 años de edad.

—¿Qué tanto te afectaría si desaparecieran los videojuegos en tu vida? —se le pregunta a Aldo, ingeniero en sistemas, de 25 años de edad.

—Me pongo a hacer otra cosa, me pondría con una pistola a disparar a la gente; no, no te creas, no a esos extremos —responde en tono de broma.

—¿Te gustan los videojuegos violentos?

—A veces, no sé (…) Cuando le traes rabia a un compañero y dices: “Ah, quiero matarlo, pero en el videojuego mejor”. Lo eliges para desestresar, pues sí —añade.

Alejandro, un empleado de 25 años de edad, considera que entre los juegos más violentos está Grand Theft Auto por la temática que maneja. “Nunca lo he jugado, nunca me ha llamado la atención, dicen que los gráficos no son tan buenos, pero el tipo de juego maneja un personaje en una ciudad y haces lo que quieras, digo, si voy a jugar, voy a jugar preferentemente algo que no pueda hacer en la vida real; caminas por la calle, puedes golpear y matar y eso puede repercutir en ideas no muy buenas, y a mí no se me hace muy divertido porque tienes que huir de la policía, se me hace un juego que no vale la pena jugar”.

—¿Podríamos decir que los videojuegos que te gustan son los violentos? —se le pregunta a Alejandro.

—Sí, me gustan los violentos ficticios. Ninja Gaiden no es un juego muy tranquilo, le cortas la cabeza a otro ninja, le haces esto y le haces lo otro, pero siento que hay una línea divisoria entre agresivo ficticio y agresivo potencialmente real, esa es la diferencia, siento yo.

Andrea, una enfermera de 23 años de edad, argumenta: “No es que me guste la violencia o sea fanática de ella; de hecho, por eso juego videojuegos violentos, porque no es algo real; la violencia que se ve ahí es falsa, es solo un juego, por eso me gusta, porque no es algo que pudiera pasar. Me gusta porque es algo que no pudiera experimentarlo de otra forma. Sale de lo común de mi vida diaria, es algo extraordinario lo que en el juego pasa y además yo lo controlo, soy parte de eso; de ser una enfermera en la vida real, paso a ser una guerrera, una espía o una sobreviviente en el juego y eso me emociona”.

Estas expresiones forman parte de las respuestas ofrecidas por jóvenes de Acapulco, Guerrero, y la zona conurbada Colima-Villa de Álvarez, en el estado de Colima, quienes fueron algunos de los informantes en la investigación académica “Joven y videojuego: análisis de la significación de la violencia”, con la que Omar Constantino Pérez Vázquez obtuvo en enero de este año el grado de doctor en ciencias sociales por la Universidad de Colima (Ucol).

Durante la elaboración de su trabajo, el autor llegó a la conclusión de que no es una regla que las personas consumidoras de videojuegos violentos se hacen violentas; sin embargo, encontró que los usuarios de videojuegos son propensos a insensibilizarse ante la violencia, pues se produce una legitimación de este fenómeno.

Videojuegos: la normalización de la violenciaComo parte de su investigación académica, Constantino Pérez observó, estudió y analizó los casos de ocho jóvenes aficionados a los videojuegos de contenidos violentos, cuatro de ellos guerrerenses y los restantes de Colima, dos mujeres y dos varones de cada una de estas entidades, cuyas tasas de homicidios dolosos son las más altas del país.

Los videojuegos elegidos fueron Gears of War, Halo 4 y Call of Duty, calificados por revistas especializadas como los mejores en su momento y con gran popularidad entre la comunidad gamer.

En entrevista, el autor del estudio refiere que sus informantes no son violentos, no ejercen violencia física ni verbal en su vida cotidiana, aunque en un sentido implícito sí están hasta cierto punto de acuerdo con la violencia.

“Están conscientes de que en Colima y Acapulco hay mucha violencia e inseguridad, pero no están asustados (…) Cuando les dices: ‘Ejecutaron a 30 personas hoy’, podrían responder: ‘Son pocos, ¿no?’. ¿Pero con base en qué lo miden?, no es que lean muchas noticias, su referencia y la experiencia que tienen es el videojuego, están tan habituados al contexto violento que les parece natural y dejan de sorprenderse, ya legitimaron la violencia de alguna manera; después de eso, ellos mismos la pueden considerar como un elemento viable para solucionar un problema”.

Tras un análisis de los resultados de su tesis, Constantino Pérez afirma que existen cinco causas por las cuales los jóvenes participantes son videojugadores de contenidos violentos: porque se abstraen de la realidad, evocan recuerdos y sentimientos, les atrae la manejabilidad implícita y dinámica del videojuego, funcionan como un detonador de catarsis y les generan satisfacción.

“Cada una de estas causas deriva de tres elementos clave que se aprecian de forma explícita durante la práctica y que, con base en los resultados de esta investigación, son el origen del atractivo visual y sensacional: la emoción, la provocación y el riesgo. Cada uno de estos elementos está ligado a las cinco causas mencionadas ya, y son necesarios para que el videojugador se adentre en la temática, se identifique con el personaje, empatice con la causa, se apropie del contenido y signifique el producto cultural”, explica.

Vía: Agencia Informativa Conacyt
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