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Por: Lorena Alcalá

Cuando el clima comienza cada vez a hacerse más frío y a lo que invita es a cobijarse hasta la nariz, nada calienta mejor el espíritu navideño que el tradicional Nacimiento Monumental que anualmente es colocado en los espacios verdes del Jardín Zenea.

Como su nombre lo indica, el Nacimiento Monumental representa el misterio de la llegada al mundo del Niño Jesús con poco más de 700 figuras casi de tamaño natural, no nada más de los personajes humanos sino también de los animales.
Cada esquina del tradicional Jardín se ilumina con escenas extraídas del Nuevo y del Viejo Testamento; pero lo rico de esta tradición es que año con año cambia su distribución y algunos personajes, así que aunque tengamos muchas navidades de apreciarlo, siempre ofrece algo nuevo.

Pero en general, se puede decir que los cuadros del nacimiento se dividen en tres categorías: los pasajes bíblicos; el aspecto popular; y el aspecto tradicional.

Es así que podemos disfrutar de la representación del Paraiso –con Adán, Eva y la serpiente- o del Arca de Noé; la Anunciación; la adoración de los Reyes Magos y claro, el Pesebre, con la Sagrada Familia. Pero también tenemos escenas como la de la Posada, con piñata y todo; sin olvidar uno de los cuadros más impactantes: el Infierno, con diablos, demonios y animales monstruosos saliendo de la tierra, que sería lo tradicional y lo popular respectivamente.

NACIMIENTO-JARDÍN-ZENEA

Este 2015, el Nacimiento Monumental cumple ya 22 años de tradición y ha sobrevivido a toda clase de calamidades; incluyendo un incendio en la Casa de Carros, ocurrido en el 2008, cuando la mayor parte de las figuras y de los carros de la cabalgata se quemaron casi por completo.

El Nacimiento Monumental –como el Fénix- resurgió de sus cenizas y nunca faltó a su cita con la temporada navideña, gracias al esfuerzo de muchos artistas queretanos que donaron su trabajo para reconstruir las piezas y figuras de esta gran tradición.

Prácticamente las fiestas de la Navidad en Querétaro comienzan con dos acontecimientos muy importantes: la presentación del Heraldo, la revista navideña por excelencia y el encendido del Nacimiento monumental. Ambos tienen lugar en la primera semana de diciembre y el nacimiento puede disfrutarse toda la temporada, hasta el 6 de enero.

El 24 de diciembre, se cumple con la tradición de arrullar al Niño Dios para después colocarlo en su pesebre, entre sus dos padres. Hay música, verbena y en ocasiones, reparto de aguinaldos para los asistentes.

Definitivamente, es una tradición monumental que hay que disfrutar en grande; ya sea que nuestro ánimo sea de devoción o de celebración.

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