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Por: Annia Vázquez

A veces no nos damos cuenta de lo afortunados que somos, hasta que vivimos una tragedia; y al voltear hacia atrás descubrimos los valiosos tesoros que teníamos a nuestro lado todos los días.

Jean-Dominique Bauby era un hombre exitoso. A los 43 años, era periodista, y redactor en jefe de la revista Elle. En 1995, tuvo un accidente cerebro vascular. Años antes, esto lo habría matado. Sólo que con el avance de la medicina, quedó vivo pero sometido a lo que se conoce como síndrome del cautiverio.

¿En qué consiste esto?: Su mente, memoria, lucidez, personalidad estaban intactas, pero su cuerpo no respondía. Quedó paralizado, con excepción del párpado izquierdo, que sería lo que utilizaría para comunicarse con el mundo exterior, y lo más sorprendente, el vehículo que lo llevaría a redactar este maravilloso libro escrito a través de un código lingüístico basado en el parpadeo de su ojo.

En apenas un año y diez meses, Bauby logró finalizar su libro “La escafandra y la mariposa”, una obra literaria que constituye todo un ejemplo de superación humana frente a la adversidad. A través de una ayudante de la editorial y miles de códigos de parpadeo, logró salir de su escafandra, de la prisión de un cuerpo paralizado que encerraba una mente (su mariposa) rebosante de imaginación y libertad.

Jean-Dominique Bauby fallece el 9 de marzo de 1997, tan sólo diez días después de la publicación de su libro, que concluía con estas conmovedoras palabras: “¿Existen en el cosmos llaves que puedan abrir mi escafandra? ¿Una línea de metro sin final? ¿Una moneda lo bastante fuerte para comprar mi libertad? Hay que buscar en otra parte. Allá voy”.

Sin duda, una interesante lectura en la que por momentos, uno siente ser ese prisionero, el encierro que provoca el hecho de ser casi un “vegetal” pero estar completamente consciente de ello y de una u otra forma aprender a vivir de esa manera. Un universo encantadoramente extraño que logra aflorar las lágrimas hasta al más fuerte, al sentir la angustia de su estado paralizante.

Definitivamente una lección de vida que confirma una y otra vez que vale la pena leer el libro, estoy segura de que logrará conmover el corazón de más de uno y valorar las pequeñas cosas que por una u otra razón no apreciamos en el cotidiano de nuestras vidas.

la escafandra

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