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Por: Lorena Alcalá / Fotos: Secretaría de turismo

Todo comenzó el 24 de diciembre de 1826. Era la Nochebuena y una procesión con el Misterio a cuestas salió de la casa de José María Sotelo, esto sería conocido como el Rosario de Navidad y, a últimas fechas, se le llama carros navideños.

Una suerte de carros alegóricos ingeniosamente decorados en los que se representan, en movimiento y al natural, cuadros de pasajes bíblicos o misterios católicos, por ejemplo, el paraíso, la cena de Baltazar, la coronación de la reina Esther, la escala de Jacob, el sacrificio de Isaac, la reina Vasti, la ciudad de Sion, la posada, el nacimiento, entre otros. Participan entre 200 y 300 niños o adolescentes que escenifican su papel a la perfección, declamando textos propios de cada pasaje  o como angelitos y querubines de compañía.

Las calles del  centro histórico de Querétaro se llenan entonces de luz y música porque cada carro va acompañado de su banda musical, mientras las personas se agolpan000 en las banquetas para verlos pasar. Algunos espectadores, los que guardan más la tradición, arrojan dulces a los pequeños actores, que los reciben con alegría.

El inicio

Antes, los carros navideños,  se alumbraban solo con la luz de la luna (si es que había), pero en 1906 llegó la electricidad a Querétaro, y entonces se pudo disfrutar de este bello espectáculo con las luminarias públicas. El carro más tradicional es el de la cabaña, que lleva niños vestidos de pastores bailando la “jota” y el negrito mesonero. En ocasiones es posible confundir las dos procesiones decembrinas más importantes: la cabalgata y los carros bíblicos, por lo que es importante aclarar que la primera se trata de cuadros costumbristas,  históricos o legendarios y se realiza el 23 de diciembre;  mientras que los carros salen el 24 de diciembre con temas más religiosos, aunque no menos festivos.

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