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Por: José Luis Camargo Romero / Fotos: Héctor Salgado

Una magnífica entrada en la Plaza de toros Santa María, sirvió de esplendoroso marco para la primer gran corrida del 2015, con un cartel de lujo y astados de ocho diferentes ganaderías.

Al caer la tarde queretana el viernes 23 de enero, los asientos de barrera, de los tendidos y de andanada se empezaron a poblar con cientos de aficionados que acudieron a la cita con cuatro figuras del toreo, los peninsulares Enrique Ponce y Juan José Padilla, quienes alternaron con los mexicanos Arturo Saldívar y Diego Silveti. Personalidades de los ámbitos social, empresarial, económico y político disfrutaron de las suertes de la fiesta brava. Se pudo observar a gente de todas las edades, que cultiva la afición taurina en sus pequeños hijos. Vimos familias enteras, provenientes de otros municipios, que antes y al finalizar la corrida, llenaron de colorido ambiente las inmediaciones de la plaza de toros, en espera de que el empresario Pablo Álvarez, el popular “Palillo”, traiga de nueva cuenta a toreros de lujo, muy pronto.

El diestro español Enrique Ponce resultó triunfador en la corrida nocturna del viernes 23 de enero en el ruedo de la Santa María, a pesar de que frente a su primer toro pasó desapercibido. Con un encierro desigual y actuación que fue de lo sublime a lo mediocre por parte del valenciano y sus alternantes: Juan José Padilla, Arturo Saldívar y Diego Silveti, el primer espada salió en hombros, luego de cortar dos orejas a su segundo enemigo. Con el segundo de la noche, Padilla ejecutó hermosos lances tanto con el capote como con la muleta, dando clases de como abanderillar a petición del respetable.

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Lo mismo hizo el varilarguero al castigar lo necesario al burel. El público, que registró una buena entrada, festinaba embelesado al toro y al torero, pero el español pinchó en su primer lance, provocando división de opiniones, pues un sector del mismo pedía un apéndice para el matador. Saldívar mostró un trasteo desigual, al enfrentar al primero de su lote, pese a lo cual, le fue regalada la primer oreja de la noche, con la protesta mayoritaria El joven Diego Silveti mostró temple y oficio con el cuarto de la noche. Hizo gala de valor y lució con el trapo, pero falló en su primer intento de pasaportear al toro, acertando en el segundo para que inmerecidamente le otorgará el juez de plaza las dos orejas. En su segundo, Ponce apenas dio algunas pinceladas de su arte, lo que le valió para recibir dos orejas y que el público se le entregará. Con el sexto de la noche, Padilla exhibió un toreo mediocre, con la ayuda de un toro descastado. Sus banderilleros contribuyeron a que el público estuviera más metido en sus dispositivos móviles que en el ruedo.

Volvió Arturo al círculo, pero el picador tomó en serio su nombre y se acabó al toro con la puya. Sangrante y sin fuerza, el sexto de la noche se confabuló con el viento para que Saldívar hiciera muestra de falta de carácter y pasara con más pena que gloria y el público empezara a vaciar la plaza. Cerró plaza el último de la dinastía del Rey David, con un toro soso, para que quienes querían salir en la foto pasearán en hombros al primer espada. Se impuso el malinchismo, pues Silveti tuvo mejor actuación tanto con el trapo como con la espada.

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