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Por: Francisco Romero Cuevas/ Fotos: Héctor Salgado

Una plaza de primera merece carteles de primera. De esta forma arrancó la temporada taurina 2014 en Provincia Juriquilla. A final de la primera quincena de enero, se dieron a conocer dos corridas de alto calibre.

El 25 de enero vería acción la primera terna, con el rejoneador navarro Pablo Hermoso de Mendoza y los matadores mexicanos de a pie Rafael Ortega y Fermín Rivera, quienes lidiarían toros de Bernaldo Quirós y reses bravas de los Cués respectivamente. El segundo cartel, reservado para el 8 de febrero, sería un atractivo mano a mano entre el figura español Julián López El Juli y el avasallante hidrocálido Joselito Adame. Los estados a lidiarse provendrían de las reconocidas ganaderías queretanas de Xajay y Los Encinos.

En la primera corrida, Hermosa de Mendoza estuvo empeñoso en la búsqueda del triunfo, combinando, como ya es costumbre, arte, técnica y recursos; desafortunadamente falló en sus dos turnos con el rejón de muerte, teniéndose que conformar con palmas y salida al tercio. Como siempre, Pablo dio cátedra de la comunión que existe entre él y los equinos, virtud que lo convierten en uno de los mejores jinetes del orbe.

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Rafael Ortega fue el triunfador del festejo. Aunque corrió sin fortuna con el primero de su lote, su suerte cambió con su segundo en turno, pues el sorteo le deparó el mejor toro del encierro. “El señor de los tres tercios”, como es conocido en el medio, aprovechó cabalmente las bondades de el de Los Cués, y tras una eficiente estocada fue premiado con dos apéndices. Como esta aparición marcaba su despedida en Juriquilla, culminó su carrera taurina con una emotiva vuelta al ruedo al ritmo de Las Golondrinas.

Por su parte, Fermín Rivera no pudo hacer su debut deseado, debido al pobre juego de su lote. El potosino estuvo voluntarioso, dando chispazos de su pulcro estilo y su verdad torera. Es bien comprendido que el toro, materia prima de la fiesta brava, no tiene palabra de honor; por tal motivo el público premió la disposición mostrada por el joven torero, quien dejó buena imagen en su presentación en el coso queretano.

En el papel, la segunda corrida de la temporada prometía, y mucho. La tarde comenzó con un emotivo y justo homenaje al pequeño gigante del toreo, el regiomontano y justo homenaje al pequeño gigante del toreo, el regiomontano Eloy Cavazos, quien, entre otras cosas, cumpliera la hazaña de salir por la puerta grande de la mítica plaza de toros de Las Ventas en Madrid. Con más de cuarenta años como matador profesional, veinte cornadas, quince fracturas y miles y miles de triunfos en su haber, el maestro Cavazos develó una placa conmemorativa ubicada en el patio cuadrillas, para después ser ovacionado por el público que llenó la plaza.

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Ya entrados en la lidia, a El Juli se le vio entrega desde el principio. En sus dos primeros toros, provenientes de Los Encinos, tuvo que emplearse a fondo y mostrar recursos, pues ambos fueron difíciles. Aunque no sobrados de poder, embestían peligrosamente. Había que darles una lidia precisa. El público supo reconocer esta labor y premió con aplausos al diestro español.

Joselito estuvo firme ante su primer enemigo de la tarde. El burel de Xajay estuvo firme ante su primer y poco portable en las embestidas. Falló al estoque final y fue retribuido con silencio. Fue en el cuarto toro de la lidia ordinaria –segundo del lote del hidrocálido- cuando la corrida entró en fase de ebullición. Los ánimos se caldearon en el tendido cuando tuvo que ser devuelto el toro por falta de trapío. Fortuitamente, Adame se vio beneficiado por el cambio, pues el reserva de la dehesa de Xajay fue, si acaso, el mejor toro del festejo. Joselito echó toda la carne al asador desde el comienzo. Al capote recibió al toro con verónicas para que, posterior al tercio de varas, realizara un espectacular quite por zapopinas, estableciendo conexión inmediata con el tendido. Con la muleta, efectuó una faena estructurada, bien ligada, aprovechando las condiciones de nobleza y recorrido del toro. Terminó con una estocada recibiendo, para hacerse de dos orejas ganadas a pulso.

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Joselito puso la vara muy alta. El Juli, tenía que salir a buscar el todo por el todo para no quedarse atrás. Y así fue. En un desplante de rivalidad deportiva, recibió al toro con justas y plásticas verónicas, para después realizar un quite por lopecinas –variante de las zapopinas- emulando así lo hecho en el capote por Joselito y agregándole al mismo tiempo picante a la corrida. Muleta en mano, a base de poder y entrega, le pegó un auténtico arrimón al burel de Los Encinos, regalando momentos cargados de electricidad pura. Culminó su actuación en Juriquilla con certera estocada y se hizo acreedor de dos orejas.

El último toro sería instrumento, por así decirlo, de desempate. Ya caída la noche, Joselito supo aprovechar el buen juego de su último astado. Dio buenas pinceladas al capote y con la muleta cuajó una faena inteligente. Tocó pelo con la espada de verdad para llevarse un apéndice.

Al final, ambos toreros salieron en hombros. Por un lado una figura consagrada, que a base de riñones y experiencia, hizo respetar su sitio. Por otro lado un torero que viene a más, que pasa por un gran momento en su carrera y que pone muy en alto la figura del toreo mexicano.

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